miércoles, 3 de enero de 2018

Aokigahara.


Antes de que muera yo
quiero jugar con mi vida hasta verle perdio' el valor.
C. Tangana.


He sido mala con el resto
pero jamás contigo. 




Quiero decir que
a veces me quedo sin palabras porque el vacío que siento, las devora.
No quiero reírme, no me hace gracia ver el suelo hundiéndose 
cada vez más a cada paso que doy.
Supongo que echarle la culpa encima a otro
hace que pese menos la ausencia.
Yo no puedo vivir mucho tiempo más conmigo misma.

Lo vivido es como un tren que pasa cada día por la estación abandonada
de un pueblo perdido en la motaña
y que un día,
tan de repente y sin despedirse,
se detiene.
Y olvido el recuerdo de que alguna vez hubo vida allí
O eso intento.

Las pesadillas no me permiten dormir,
el sueño no me permite dormir,
si no te dijera esto sólo serían un puñado más de mentiras que no quiero volver a contar,
entonces sería falso, no sería yo a pesar de no saber lo que soy. 

Y al final del túnel sólo veo una estantería llena de libros y todo lo que me prometí no ser,
no sé lo que quiero
pero que actúen como si me quisieran hace una herida más profunda que el odio
que siento hacia mi misma.



Déjame entrar
estoy huyendo.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Perdón, ha sido queriendo.

Monstruos me retorcerán en la noche más temida,
empiezo a probar mi medicina. 



No hablé de la muerte crónica 
porque me daba miedo encontrármela  por el pasillo a la hora de irme sola a la cama.
Sentí la falta que deja la ausencia sólo
en los huesos que alguna vez tuve rotos,
menos mal que el corazón es sólo un músculo que cada vez bombea más despacio
no sorpotaría la idea de que tras veinte años
el día de mi cumpleaños 
me dijeras que llevas los diecinueve que tengo vagabundeando ahí dentro.

Suena una canción cañera que se asemeja más a una bomba atómica en la otra punta del mundo
que a ti
pero pienso en la amistad y
Berlín resurge de sus cenizas para volver a desmoronarse. 

Empecé a creer que se habían existingido todas las cafeterías 
porque no íbamos juntos a beber café, 
no me imaginaba en otro sitio que no fuera de tu mano
en otra parte sin crear el caos.

A veces ignoro lo importante que es decir “lo siento”
pero es que lo siento todo tan dentro que se me vacía la garganta cada vez que intento pronunciar algo
y simultáneamente me salen mentiras
como si en lugar de ser persona fuera chimenea que expulsa humo negro a causa de mi continua indecisión.

Se me amontonan todos los errores debajo de la cama, al lado de las pesadillas en las que sólo soy capaz de conducir derecha hacia el desastre. Los pájaros cantan y se callan lo que no nos atrevemos a escuchar. 

jueves, 16 de febrero de 2017

La culpa.

Y al cerrar los ojos soñaba con luces de neón
y con volver a casa.




Tampoco me gusta demasiado aquel sitio nuevo, la gente es diferente pero empiezo a creer que no son mejor que el resto.

La jaula no tiene puerta y sin embargo sigue habiendo algo inexistente que no me deja salir, la soledad araña muy fuerte y sólo se escuchan las voces de un loco que habita en mi cabeza.
Escuchar el portazo fue lo que me hizo darme cuenta de que jamás hubo puerta, que la libertad consiste en eso, en decidir cuando irse.

Aquel sitio nuevo me recuerda a lo de siempre pero he olvidado sus caras y sus nombres y todo lo que odian que siempre les digan. Pero se fueron tan rápido como dura mi canción favorita.

Me he dado cuenta de que realmente si me gusta el estado de inestabilidad que provoca seguir sobreviviendo a este caos. El vértigo que supone desde el suelo recordar que una parte de ti se constituye únicamente por cicatrices, sangre y culpa. El roce no hace el cariño, sino la herida.

La semana que viene todo será igualmente diferente pero no sé qué están dando en las noticias de Korea ahora mismo, aunque siento profundamente que me sigo echando de menos.

Han pasado muchas personas y ninguna se ha percatado de mi presencia, ahora sé que aquel sitio nuevo era la trampa para apostarlo todo a una única carta que nunca estuvo sobre la mesa. 

jueves, 8 de diciembre de 2016

El frío.

Si alguna vez se acaba esto,
guardaré el recuerdo
Y la sensación de que mis pulmones
ya no se asfixian
al respirar.



¿Qué es la felicidad? ¿y sentirse vivo?

Los coches pasaban, ves, los coches siguen pasado. La gente sube y baja de ellos. Al poco tiempo se van lejos. Así es todo ¿no? Cosas fugaces, que pasan demasiado deprisa y cuando quieres darte cuenta vuelves a estar solo escuchando un portazo que no suena.
El humo seguía saliendo de tu boca, lo recuerdo porque también salía de la mía. Aquel día en el que hizo más viento que nunca y más frío que en todos tus inviernos.
De vez en cuando sigo teniendo aquella sensación: el momento es efímero y los bancos en los que bebemos cerveza también.
Ahora tampoco hay mucho que decir porque no hay nadie y sólo veo mi imagen reflejada en el espejo y no me gusta. No, no me gusta y por eso quiero cambiarlo.

La sangre ya no mancha tu cuerpo pero la culpa la sigues guardando tú. Ojalá no hubiera hecho tanto frio y tú pecho no hubiera estado tan congelado.

Sigo recordando a mi erroes como si fueran personas, y quella canción de Extremoduro y esa salida de emergencia que fue una trampa.

Y los huracanes, joder, me siguen pareciendo lavadoras. Y aquél héroe sólo apretó más la soga.

Lo mejor de ser libres es saber que pase lo que pase y aunque me pese nunca dejaremos de serlo.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Algo se ha roto.

Mensaje 240
en el contestador de alguien
que no quiere
contestar.


Me he cortado el pelo con las tijeras de recortar
las cosas que me dan igual
que se rompan,
y ahora está todo más vacío.


Cómo habitar en una jaula sin puerta, en el último hilo de voz de quién se está muriendo.
Como estar pisando las zancadas de un funambulista ebrio en la cuerda.

La soledad se ha quedado a vivir aquí y nadie más la comparte conmigo.
Cierro los ojos y las sombras de las figuras que recordaba se difuminan mientras yo empequeñezco.
Bajo mis pies emana un tsunami y me empapo de lágrimas que al caer por mis mejillas acentúan el llanto y se clavan tan hondo que duele, pero quién lo escucha no lo oye.

Los susurros se han extinguido en un hilo de voz que fue el mío en un día gris. El frío sólo me quita las ganas de vivir pero me aterra que las cosas vuelvan a cambiar mientras no puedo evitarlo.
El ayer es el mañana y no sé qué es peor que eso.

Sigo buscando el amor en el que no creo y me destruye. Olvido cosas mundanas cómo la intensidad a la que río; como cuando fue la última vez que fui capaz de amar.
Todos aquellos que están besando ahora mismo tampoco saben lo que quieren.

Después del túnel ya no queda nada pero no me he perdido porque sigo allí. Después queda la indiferencia y se acaba el miedo porque ya lo sufrí una vez y sé que tras la oscuridad hay vida y es la mía pero a veces pienso que ojalá me hubiera fundido porque es mejor que apagarse lentamente (o eso dicen).

Porque las veces que hablé sólo fueron una llamada perdida a la voz de un contestador al que nadie contesta. Al no haber estado allí ya nadie se acuerda de nosotros.

Lo hago todo mal muy bien y sé cómo hacerlo peor.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Silencio de blanca.

La radio ha muerto pero las voces
siguen sonando dentro de
mi cabeza.



No mostrar nunca lo que somos,
aborrecer al alma en silencio y el amor que me sustentan aquellos que no se sostienen en el suelo.

Ya no me quedan ventanas para saltar, ni ganas de apagar el fuego que incendiaron otros. Debajo de las uñas sólo nos quedan restos del pasado que intentamos enterrar bien hondo pero aún así no nos mantenemos a flote.

Las flores muertas de un cementerio que jamás hemos pisado me recuerdan al color ya apagado de tus ojos y a las palabras mal sonantes que apuñalaban nuestros nombres.

La fragilidad no era negar el contacto del resto, sino que nos acaricien y que no se parezca a un arañazo.

El invierno va a durar lo mismo que mi libro favorito: demasiado poco.

Mátame o abrázame que no encuentro un término medio que no nos duela.
Y así acabó todo, sin saber cómo volver a volver a empezar de nuevo.

martes, 4 de octubre de 2016

Joker.

A lo peor que os pueda pasar en el mundo sumadle
puertas que no se cierran del todo.
Y un sueño que no te deja despertar.


Por el amor al odio
me hubiera gustado decirte que.

Después del silencio sólo quedan las palabras que nunca nos hubiera gustado escuchar. Esta insana manía de dejar que siempre se haga tarde provoca que el reloj se pare cuándo más rápido queremos que pase el tiempo que no queremos perder. Un reloj que sólo marca el tiempo perdido no sé de qué me sirve pero no dejo de coleccionar errores debajo de la almohada, y pesadillas largas que a veces confundo con una realidad en la que no sé lo que pasa.

Dejarse llevar suena tan mal cómo todas esas horribles canciones que baila la gente en las discotecas cuando yo sólo quiero desaparecer del mundo. 
Dejarse llevar suena tan mal como tu voz cuando dices que sientes que ya no quiero.
Dejarse llevar suena tan mal porque no sabes con certeza a dónde vas a llegar. 

Ojalá algún día nos recuerden tal y cómo no hemos sido para ver si nos hacen justicia. Ojalá algún día recuerden cómo han sido. Ojalá recuerden todo lo que olvido.

Por el odio al amor
hicimos arte.