jueves, 16 de febrero de 2017

La culpa.

Y al cerrar los ojos soñaba con luces de neón
y con volver a casa.




Tampoco me gusta demasiado aquel sitio nuevo, la gente es diferente pero empiezo a creer que no son mejor que el resto.

La jaula no tiene puerta y sin embargo sigue habiendo algo inexistente que no me deja salir, la soledad araña muy fuerte y sólo se escuchan las voces de un loco que habita en mi cabeza.
Escuchar el portazo fue lo que me hizo darme cuenta de que jamás hubo puerta, que la libertad consiste en eso, en decidir cuando irse.

Aquel sitio nuevo me recuerda a lo de siempre pero he olvidado sus caras y sus nombres y todo lo que odian que siempre les digan. Pero se fueron tan rápido como dura mi canción favorita.

Me he dado cuenta de que realmente si me gusta el estado de inestabilidad que provoca seguir sobreviviendo a este caos. El vértigo que supone desde el suelo recordar que una parte de ti se constituye únicamente por cicatrices, sangre y culpa. El roce no hace el cariño, sino la herida.

La semana que viene todo será igualmente diferente pero no sé qué están dando en las noticias de Korea ahora mismo, aunque siento profundamente que me sigo echando de menos.

Han pasado muchas personas y ninguna se ha percatado de mi presencia, ahora sé que aquel sitio nuevo era la trampa para apostarlo todo a una única carta que nunca estuvo sobre la mesa. 

jueves, 8 de diciembre de 2016

El frío.

Si alguna vez se acaba esto,
guardaré el recuerdo
Y la sensación de que mis pulmones
ya no se asfixian
al respirar.



¿Qué es la felicidad? ¿y sentirse vivo?

Los coches pasaban, ves, los coches siguen pasado. La gente sube y baja de ellos. Al poco tiempo se van lejos. Así es todo ¿no? Cosas fugaces, que pasan demasiado deprisa y cuando quieres darte cuenta vuelves a estar solo escuchando un portazo que no suena.
El humo seguía saliendo de tu boca, lo recuerdo porque también salía de la mía. Aquel día en el que hizo más viento que nunca y más frío que en todos tus inviernos.
De vez en cuando sigo teniendo aquella sensación: el momento es efímero y los bancos en los que bebemos cerveza también.
Ahora tampoco hay mucho que decir porque no hay nadie y sólo veo mi imagen reflejada en el espejo y no me gusta. No, no me gusta y por eso quiero cambiarlo.

La sangre ya no mancha tu cuerpo pero la culpa la sigues guardando tú. Ojalá no hubiera hecho tanto frio y tú pecho no hubiera estado tan congelado.

Sigo recordando a mi erroes como si fueran personas, y quella canción de Extremoduro y esa salida de emergencia que fue una trampa.

Y los huracanes, joder, me siguen pareciendo lavadoras. Y aquél héroe sólo apretó más la soga.

Lo mejor de ser libres es saber que pase lo que pase y aunque me pese nunca dejaremos de serlo.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Algo se ha roto.

Mensaje 240
en el contestador de alguien
que no quiere
contestar.


Me he cortado el pelo con las tijeras de recortar
las cosas que me dan igual
que se rompan,
y ahora está todo más vacío.


Cómo habitar en una jaula sin puerta, en el último hilo de voz de quién se está muriendo.
Como estar pisando las zancadas de un funambulista ebrio en la cuerda.

La soledad se ha quedado a vivir aquí y nadie más la comparte conmigo.
Cierro los ojos y las sombras de las figuras que recordaba se difuminan mientras yo empequeñezco.
Bajo mis pies emana un tsunami y me empapo de lágrimas que al caer por mis mejillas acentúan el llanto y se clavan tan hondo que duele, pero quién lo escucha no lo oye.

Los susurros se han extinguido en un hilo de voz que fue el mío en un día gris. El frío sólo me quita las ganas de vivir pero me aterra que las cosas vuelvan a cambiar mientras no puedo evitarlo.
El ayer es el mañana y no sé qué es peor que eso.

Sigo buscando el amor en el que no creo y me destruye. Olvido cosas mundanas cómo la intensidad a la que río; como cuando fue la última vez que fui capaz de amar.
Todos aquellos que están besando ahora mismo tampoco saben lo que quieren.

Después del túnel ya no queda nada pero no me he perdido porque sigo allí. Después queda la indiferencia y se acaba el miedo porque ya lo sufrí una vez y sé que tras la oscuridad hay vida y es la mía pero a veces pienso que ojalá me hubiera fundido porque es mejor que apagarse lentamente (o eso dicen).

Porque las veces que hablé sólo fueron una llamada perdida a la voz de un contestador al que nadie contesta. Al no haber estado allí ya nadie se acuerda de nosotros.

Lo hago todo mal muy bien y sé cómo hacerlo peor.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Silencio de blanca.

La radio ha muerto pero las voces
siguen sonando dentro de
mi cabeza.



No mostrar nunca lo que somos,
aborrecer al alma en silencio y el amor que me sustentan aquellos que no se sostienen en el suelo.

Ya no me quedan ventanas para saltar, ni ganas de apagar el fuego que incendiaron otros. Debajo de las uñas sólo nos quedan restos del pasado que intentamos enterrar bien hondo pero aún así no nos mantenemos a flote.

Las flores muertas de un cementerio que jamás hemos pisado me recuerdan al color ya apagado de tus ojos y a las palabras mal sonantes que apuñalaban nuestros nombres.

La fragilidad no era negar el contacto del resto, sino que nos acaricien y que no se parezca a un arañazo.

El invierno va a durar lo mismo que mi libro favorito: demasiado poco.

Mátame o abrázame que no encuentro un término medio que no nos duela.
Y así acabó todo, sin saber cómo volver a volver a empezar de nuevo.

martes, 4 de octubre de 2016

Joker.

A lo peor que os pueda pasar en el mundo sumadle
puertas que no se cierran del todo.
Y un sueño que no te deja despertar.


Por el amor al odio
me hubiera gustado decirte que.

Después del silencio sólo quedan las palabras que nunca nos hubiera gustado escuchar. Esta insana manía de dejar que siempre se haga tarde provoca que el reloj se pare cuándo más rápido queremos que pase el tiempo que no queremos perder. Un reloj que sólo marca el tiempo perdido no sé de qué me sirve pero no dejo de coleccionar errores debajo de la almohada, y pesadillas largas que a veces confundo con una realidad en la que no sé lo que pasa.

Dejarse llevar suena tan mal cómo todas esas horribles canciones que baila la gente en las discotecas cuando yo sólo quiero desaparecer del mundo. 
Dejarse llevar suena tan mal como tu voz cuando dices que sientes que ya no quiero.
Dejarse llevar suena tan mal porque no sabes con certeza a dónde vas a llegar. 

Ojalá algún día nos recuerden tal y cómo no hemos sido para ver si nos hacen justicia. Ojalá algún día recuerden cómo han sido. Ojalá recuerden todo lo que olvido.

Por el odio al amor
hicimos arte.

sábado, 13 de agosto de 2016

Dieciocho formas de no vivir.

Me pregunto quién me sonrió
debe estar bastante enfermo.


DAÑOS.

Pero es que la belleza es lo más importante.

Me he dado cuenta de que lo único que queda es el recuerdo de la cicatriz , y que aunque el paso del tiempo la borre podrás recordar de una forma muy realista con qué profundidad se clavó el daño en la piel fértil. Qué hay canciones que miden la intensidad de dolor que pudimos soportar.
A veces tener las expectativas tan bajas como la autoestima provoca sonrisas al ver que antes de que vuelva la tormenta el viento va a nuestro favor.

Tener a quién abrazar es más satisfactorio que la posibilidad de nos que arropen con cariño en invierno.
Para mi los días no tienen sentido si no nos dejamos sorprender.

Quedarse a las puertas del cielo no debe ser tan malo porque seguro que en el infierno hay más gente que pueda hacernos compañía.

Aceptamos el amor que recibimos como si fuese propornal al que damos y no.
El amor no es una mierda.
Pero esta paupérrima forma de sentirlo, sí.

Los días en trece sólo pasan una vez al mes aunque a veces son todos los días. Tras la mala suerte sigue habiendo suerte pero puede ser mala o puede ser buena.

Yo ahora mismo sólo sé que mañana empieza demasiado temprano. Y que es demasiado tarde, que en el periódico de hoy hablaban del ayer y me aterra que sea igual que el mañana.

miércoles, 15 de junio de 2016

"te hiero mucho."

Todos los días con trece lágrimas
acariciando mis pupilas rotas.




El abandono está injustificado y las voces sólo fueron un pacto de no agresión a uno mismo pero el amor impropio ya está dañado y eso no justifica que te marcharas. 

Observo fotografías antiguas y observo mi pelo cuando está largo, cuando está corto. Observo también la etérea marca que deja la enfermedad en mi rosto y reparo en tu cara infantil que jamás llegó a estar a mi lado. Y joder, mira qué felices, qué caras más tristes. 

Los semáforos en rojo de esta inhóspita ciudad están diciendo que pare, que en esta vacía carretera infinita que es mi vida todavía existe la posibilidad de que haya un choque automático entre corazón y razón provocado por el fracaso que siento al no haber sido capaz de conseguir nada de lo que me propusieron. Me alimento a base de rabia y de toda la mierda que siento, de vodka barato y de palabras que leí hace tiempo.

He olvidado como se cogía aire a la hora de ahogarse en un mar de lágrimas que desemboca en el incesante llanto de un recién nacido que al igual que yo no sabe expresar lo que quiere. Casi no recuerdo que suplicar el contacto de otros para aliviar el dolor hace más daño, casi caigo de cabeza en la cuenta los días  que quedan para sentir el verdadero calor del infierno.

Ver amanecer y atardecer ya no es algo bonito. Tu ausencia es como vivir en una cárcel aburrida en la que no hay gente con la que pelearse, ni heridas provocadas por otros a las que tratar con cariño antes de volver a hacer sangrar.  La vida tal y como está ahora se me asemeja a un laberinto sin salida en el que puedes gritar pidiendo ayuda todo lo que quieras, pero los vecinos están muertos y nadie va a preocuparse por entender lo que dices.

Todas las cartas que llegan a mi buzón anuncian guerras mundiales en mundos paralelos que suelen ser mejor que este; allí no existe la melancolía, y aquí no dejo de recordar tu nombre aunque ya lo haya olvidado: te hiero mucho, ojalá más que a mi.

Alguien a quién nadie escucha prevé tormenta en pleno junio y entonces comienza a llover. Se anuncia fin de fiesta, pero nosotros hace tiempo que nos hemos ido.