sábado, 13 de agosto de 2016

Dieciocho formas de no vivir.

Me pregunto quién me sonrió
debe estar bastante enfermo.


DAÑOS.

Pero es que la belleza es lo más importante.

Me he dado cuenta de que lo único que queda es el recuerdo de la cicatriz , y que aunque el paso del tiempo la borre podrás recordar de una forma muy realista con qué profundidad se clavó el daño en la piel fértil. Qué hay canciones que miden la intensidad de dolor que pudimos soportar.
A veces tener las expectativas tan bajas como la autoestima provoca sonrisas al ver que antes de que vuelva la tormenta el viento va a nuestro favor.

Tener a quién abrazar es más satisfactorio que la posibilidad de nos que arropen con cariño en invierno.
Para mi los días no tienen sentido si no nos dejamos sorprender.

Quedarse a las puertas del cielo no debe ser tan malo porque seguro que en el infierno hay más gente que pueda hacernos compañía.

Aceptamos el amor que recibimos como si fuese propornal al que damos y no.
El amor no es una mierda.
Pero esta paupérrima forma de sentirlo, sí.

Los días en trece sólo pasan una vez al mes aunque a veces son todos los días. Tras la mala suerte sigue habiendo suerte pero puede ser mala o puede ser buena.

Yo ahora mismo sólo sé que mañana empieza demasiado temprano. Y que es demasiado tarde, que en el periódico de hoy hablaban del ayer y me aterra que sea igual que el mañana.

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