jueves, 16 de febrero de 2017

La culpa.

Y al cerrar los ojos soñaba con luces de neón
y con volver a casa.




Tampoco me gusta demasiado aquel sitio nuevo, la gente es diferente pero empiezo a creer que no son mejor que el resto.

La jaula no tiene puerta y sin embargo sigue habiendo algo inexistente que no me deja salir, la soledad araña muy fuerte y sólo se escuchan las voces de un loco que habita en mi cabeza.
Escuchar el portazo fue lo que me hizo darme cuenta de que jamás hubo puerta, que la libertad consiste en eso, en decidir cuando irse.

Aquel sitio nuevo me recuerda a lo de siempre pero he olvidado sus caras y sus nombres y todo lo que odian que siempre les digan. Pero se fueron tan rápido como dura mi canción favorita.

Me he dado cuenta de que realmente si me gusta el estado de inestabilidad que provoca seguir sobreviviendo a este caos. El vértigo que supone desde el suelo recordar que una parte de ti se constituye únicamente por cicatrices, sangre y culpa. El roce no hace el cariño, sino la herida.

La semana que viene todo será igualmente diferente pero no sé qué están dando en las noticias de Korea ahora mismo, aunque siento profundamente que me sigo echando de menos.

Han pasado muchas personas y ninguna se ha percatado de mi presencia, ahora sé que aquel sitio nuevo era la trampa para apostarlo todo a una única carta que nunca estuvo sobre la mesa. 

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