viernes, 20 de febrero de 2015

Confieso que he.

Tengo una cicatriz que me atraviesa toda la garganta, y las salidas de emergencia atascadas con tanta huida.
Me he cansado de vestir de amarillo en el continuo estreno de esta obra que nadie viene a ver. Desde mi cabeza aplauden miles de personas que esperan un final dramático que nunca llega. Nada existe. Ni yo misma. Y de repente, aparezco.
Se escuchan risas tras la caída del telón, desde aquí arriba me entra vértigo y eso que nunca he estado a la altura, he llegado demasiado lejos sabiendo que estoy demasiado cerca de la nada. Me he ido de mis propias manos.
Imagínate abrir un libro que la primera página sea el último acto.
Estás apunto de entrar dentro de Locura y Cuerda
                                                     dentro de mi alma
                                                                mortal.

-Locura se volvió loca y mató a cuerda-.
                                                                 Fin.

Me enamoré de Cuerda y me volví loca de matar, me silencio con el nombre de Locura y me vuelvo Cuerda.
A veces me dicen que tengo cara de no haber roto nunca un silencio. Nadie sabe que rompo las puñaladas que clavan otros en mi espalda, para hacer imborrable el dolor.

Nunca he jugado con fuego y siempre me he quemado con el agua. Lloro cuando brilla mucho el sol y paseo por las vías cuando está nublado, desesperando que llegue un tren y me lleve al mismo sitio en el que construí mi propio templo, y sin ser suicida
                                                                           caigo
                                                                           con
                                                                           mis
                                                                           propios
                                                                           pies
                                                                           por
                                                                           la
                                                                           cornisa.

Estas ruinas huelen a incendio y el humo que ves es el que expulsan mis pulmones queriendo dejar de vivir, sin que nadie les salve.
Tengo un vacío vibrante donde antes había un órgano bombeante, no está roto, o sí. Pedidle que vuelva que no habrá más preguntas. (o sí).
No digáis nada, que aquí no hay nadie.
Estas palabras están tan torcidas como la raya de mi ojo izquierdo que se escurre por el mismo sitio que mis lágrimas.
                                    LA SANGRE ES AMOR Y DESAMOR.
Me voy
No voy a volver
      voy a venir
                         de nuevo.

jueves, 5 de febrero de 2015

Llegar a (des)tiempo.

Igual se comsume el tiempo
si te quedas,
o si te vas.

Tiempo sin ti
pierde el sentido
y me clavo las agujas del reloj
en un intento de dolerme
más que tu ausencia.

La soledad siempre crea
cicatriz propia,
por las noches se abre sola
y me recuerda todo
lo que no soy capaz
de olvidar.

Cierra la ventana,
apaga la luz,
y déjame que respire el sabor
de todos esos
te quiero mucho
pero no puedo evitar odiarte
por no formar parte
de este desordenado desastre.

Voy a quemar con agua
toda la poesía que me inspiraste
haciéndome creer que el arte
era herlarte con calor humano.
Y es que los monstruos
también nos enamoramos
pero no creemos en el amor.

Déjame explicarte que
la música ya no amansa
a esa indomable fiera,
que se le ha roto el corazón
y no sé como curarle
la lágrima que se le atascó
en la retina
al vernos romper los esquemas
de los que creen en la imperfección
de manera caóticamente
perfecta.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Poema cardíaco.

Tic tac,
las agujas de un reloj
que indica el tiempo en pasado
ya no marcan mi ritmo cardíaco.
Parada
                        Latido
                                            Parada
                                                                 Latido.

Mi órgano bombeante
se contrae haciendo sonar con fuerza
una canción desafinada
en mi caja torácica musical,
en la que la bailarina lucha
por sobrematarme.

Una operación a corazón abierto,
en la que la única solución
es romperlo todo por dentro.
Se ha cortado toda la comunicación
con las arterias principales,
por motivos de inseguridad emocional.
Ya no palpita,
ya no siente,
mi corazón inerte.

Tengo el miocardio como centro gravitatorio pausado
desde que desconozco la probabilidad
de causarme un accidente
en el que la reanimación
me acerque
a mi insensibilidad doliente.





sábado, 6 de diciembre de 2014

Me he querido.

Te he odiado con toda la rabia que siento al no poder evitar echarte tanto de menos. Me he visto reflejada en los pedazos de un espejo roto cada vez que cierro los ojos. No quiero verte. No soporto la idea de que todavía sigas en mi y te hayas ido.
Me he vuelto loca de atarme y dejarme libre a los pocos segundos. Me he vestido de amarillo para morir en el último acto de una obra que nunca acaba. Nunca me han gustado los miércoles ni los domingos, ni ese olor a nostalgia que queda cada vez que apago una vela y me enciendo un cigarro.
Estar jugando con fuego y no evitar quemarse, porque prefiero curar la herida a prevenirla. Sangrar a coser los rotos y vomitar a tragarme todo el orgullo.
En mi jardín de flores marchitas he sembrado el caos, y ha florecido una primavera que no es más que enero, febrero y marzo congelados.
Cubro tu espalda con puñaladas para declararte un amor no correspondido y, sobre tus hombros dejaré caer la cruz en la que siempre vivo, y te daré un beso en la sien mientras esperas que apoye en ella el cañón y no mis labios, a la vez que con mano izquierda aprieto el gatillo y recibo disparo, bala, y tiempo perdido.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Disparo de despedida.

El amor no me duele mucho más que
recibir una bala sin haber apretado el gatillo. 




                                              

Tengo un problema; y eres tú. Todo me suena a lo de siempre que no fue contigo, hasta esta estúpida canción que está sonando ahora mismo en mi cabeza, habla sobre ti, porque yo quiero que lo haga, y porque yo no sé escribir sobre ti. 
El abandono de uno mismo, es como decidir quedarse eternamente a vivir en unas ruinas que destruí por voluntad propia haciéndome presa de mi propio fracaso. Así es vivir contigo sin que estés a mi lado, no espero que esta vez me entiendas.
Esta es la última carta de todas las que todavía me quedan por escribirte, nota de suicidio en mi menor porque cada vez me haces sentir más pequeña. Y como fin de fiesta, a una fiesta que todavía no ha empezado, la explosión que hará que nada siga después de este portazo.



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Es la primera vez que hago algo así (lo de intentar hablar con vosotros, por decirlo de alguna forma) y quería deciros que hace un tiempo había leído por los comentarios del blog, que podría recitar algo, y me he lanzado de cabeza en un intento de conseguirlo y aquí lo tenéis: http://youtu.be/Q0xitETiWQE  es el primero, y por eso agradecería toda clase de opiniones. Quiero darle uso al canal e iré subiendo vídeos de vez en cuando, por si me queréis dar ideas o cualquier cosa que se os ocurra.
Gracias por leer, corazones grises para todos. 

domingo, 26 de octubre de 2014

Naufragio.

La ausencia por no estar aquí,
porque haya un sitio vacío
y un corazón más, roto.

Hemos dejado de ser
la cara B de una cinta
que acaba de sonar
por primera vez,
rayando los recuerdos,
haciendo que todo
lo que había existido dentro,
se convirtieran en tiras
de algo irreparable,
como si se tratase
de su órgano bombeante.

Me he dado cuenta
de que mi cura
no tiene remedio
en el momento exacto
en el que he asociado
una llama viva
con la silueta de
una lágrima muerta.
Se han apagado
mis ganas de brillar.

Todas las noches
voy al mismo lugar
y espero
a que el cielo
se ponga del mismo color
que mi estado de ánimo;
gris ceniza,
para superar la pérdida
de mi propia muerte
en vida.

viernes, 10 de octubre de 2014

Una última vez.

Como el yonki que le pide a la jeringuilla que le salve una última vez.

Como el suicidia que le pide a la única bala que gira en el revólver de aquella pistola, en la ruleta rusa que acabe con él una última vez.

Como el asesino que termina de matar, y espera que le detengan para sentir la libertad una última vez.

Como el loco que encontró en la cuerda la estabilidad una última vez.

Como el alcohólico que anhela el sentimiento opuesto al vacío de su botella, antes de joderse el hígado una última vez.

Como el enamorado de corazón roto, que se vuelve a ilusionar sabiendo que en su corazón no cabe una sola grieta más y que ese va a ser su latido una última vez.

Como el poeta que escribe para encontrarse en las líneas que ha perdido en los pasos de su musa y sabe que no la encontrará una última vez.

O como yo, esperando a que te pasees por mi cabeza una última vez.