Estoy tratando
de no tener
ni las más mínima idea
de todo lo que nos queda
por subir
para conseguir llegar a la superficie.
Uno,
dos,
tres,
y vuelta a empezar.
Uno,
dos,
tres,
y así infinitas veces,
hasta empezar a ver doble
como si hubiésemos llegado
al fondo de la botella
que terminó con nosotros
la semana pasada,
buscando y no hallando
respuestas.
Como el porqué nos terminó tan rápido
y éramos capaces
de reflejarnos,
y observar a través de ella.
Volvemos
para no quedarnos,
continuamos contando,
teniendo la cordura
y las ganas de reír
esparcidas por el suelo.
Cuarenta y tres,
ocho,
ciento veinte,
pasos para escapar de esto
o para caer en otro fondo
más profundo
y con todo el silencio
que yo no sé callar.